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EDICIÓN ESPECIAL · DOMINGO 1 DE NOVIEMBRE DE 2026

Hoy nos salimos de lo usual: una sola historia. El jueves le sacaron a Binance US$ 6.430 millones en poco menos de cuatro horas y anoche el FBI dijo que fue Corea del Norte, pero nadie le robó una llave ni falló ninguna de las redes por las que salió la plata. Y lo que frenó el 44% no fue un juez: fueron las empresas que emiten esas monedas, que las pueden bloquear con un botón, y la primera lo apretó 33 minutos después del golpe más grande.

ANTES DE EMPEZAR, CUATRO PALABRAS

  • La dirección y la llave: acá no hay cuentas a nombre de nadie. Hay direcciones, que funcionan como un número de cuenta público: cualquiera puede ver cuánto tiene cada una y qué movió. Y hay llaves, que son el código secreto que autoriza a mover lo que está en una dirección. El que tiene la llave manda, sin importar quién sea ni qué diga ningún papel. Por eso todo este robo se reduce a una pregunta: cómo consiguió que las llaves de Binance firmaran sus transferencias.

  • Billetera caliente: donde una casa de cambio como Binance guarda la plata que tiene que estar lista para moverse. La llave está al alcance de un sistema conectado a internet, así los retiros salen en segundos. La billetera fría es lo contrario: la llave está desconectada, en equipos que no tocan internet, y sacar algo de ahí exige un procedimiento con personas, lugares y tiempo. Lo que se vació el jueves fueron billeteras calientes.

  • Stablecoin: una moneda digital que promete valer siempre un dólar porque hay una empresa que la respalda. Tether emite el USDT y Circle el USDC, las dos más usadas del mundo. Que haya una empresa detrás es lo que las hace estables, y es exactamente lo mismo que las hace bloqueables: hay alguien con un botón. El bitcoin y el ether no tienen empresa detrás, así que no hay botón.

  • Congelar: apretar ese botón. La empresa que emite la moneda marca una dirección en su propio registro y esa dirección deja de poder enviar, aunque el que tiene la llave siga teniéndola. El saldo sigue ahí, a la vista de todos, inmóvil. No vuelve solo a su dueño: hay que probar de quién era y, por lo general, conseguir una orden judicial, y la vía habitual es que la empresa destruya esas monedas y las emita de nuevo a la dirección del dueño.

QUÉ PASÓ EL JUEVES

Le sacaron a Binance US$ 6.430 millones en poco menos de cuatro horas

Es el robo más grande de la historia del cripto, y por un margen de cuatro veces.

  • Cómo empezó, y no fue por donde todos creen: cada criptomoneda vive en su propia red, que es un libro de cuentas público y separado de los demás, y el ataque funcionó en diez redes a la vez, más o menos según quién cuente. El jueves a las 16:04 de Bolivia salieron los primeros fondos, y no fueron bitcoins ni ethers: fue en la red del XRP, donde cinco cuentas de Binance mandaron 233,5 millones de esa moneda a una cuenta nueva. A las 16:10 le siguió la red de Solana, a las 16:20 la de Tron y la de bitcoin, y a las 16:24 vino el golpe más grande: en una sola transacción, 167.464 ethers y 1.600 millones de dólares en USDT.

  • Y cuánto fue, según quién mida: Elliptic cuenta US$ 6.430 millones, TRM Labs US$ 6.360 millones y Binance estima unos US$ 6.300 millones, que admite sin auditar. La diferencia no es desacuerdo sobre qué se movió: es a qué precio se valúa y cuántas redes se cuentan. Para tener una referencia, el récord anterior era Bybit, US$ 1.500 millones en febrero de 2025.

  • Y cerca del 60% salió por una sola red: US$ 3.770 millones por la de Ethereum, calcula Bitquery, contra US$ 1.480 millones en bitcoins y US$ 628 millones en la de Tron. En total, diecisiete billeteras calientes de Binance vaciadas la misma tarde.

  • Y lo primero que hizo fue pagar de más, a propósito: cambió 434 millones de dólares en USDT por 160.451 ethers, pagando entre 12% y 26% por encima de lo que valían, calcula Elliptic. No fue torpeza ni apuro de novato. Al USDT lo puede congelar la empresa que lo emite, y al ether no lo puede congelar nadie, porque no hay ninguna empresa detrás. Estaba pagando un sobreprecio por quedarse con algo que después no le pudieran bloquear, y Chainalysis dice que hizo todo el cambio en menos de veinte minutos, justamente para llegar antes que el botón.

  • Y el apuro le costó US$ 119 millones: sumando todas sus operaciones de esa tarde, pagó unos US$ 119 millones de más contra el precio de mercado, calcula Bitquery. Los que estaban del otro lado de esas operaciones, sin saber contra quién estaban operando, se quedaron con unos US$ 60 millones.

  • Y una jugada más fina que las otras: con otra billetera dejó 60 millones de USDT en garantía en Aave, un programa de préstamos que funciona solo, sin nadie que apruebe nada, y pidió prestados unos US$ 45 millones en ethers. Lo fino está en por dónde pasa: Tether congela billeteras, una por una, y esos USDT ya no estaban en una billetera suya, estaban en la bolsa común de donde Aave presta. Le congelaron la billetera dos minutos y medio después, y la garantía quedó fuera de ese alcance. Hasta esta madrugada el préstamo seguía abierto.

CÓMO SE PUDO HACER

No le robaron las llaves a Binance. Le robaron el permiso de usarlas.

El mecanismo quedó escrito en las redes y se puede seguir paso por paso. Lo que todavía falta es cómo entró.

  • Lo que dijo Binance, con sus palabras: su investigación inicial, dijo el co-CEO Richard Teng, sugiere que el incidente “puede haber involucrado una laptop comprometida”. Después agregó que la investigación posterior encontró “puntos de compromiso adicionales”, que el atacante no usó simplemente los permisos de un ingeniero ni fue una acción de un solo clic, que no lo hizo una sola persona, y que usó un mecanismo de autodestrucción que fue borrando sus herramientas y sus rastros a medida que avanzaba. Dice no haber encontrado evidencia de que se le hayan filtrado las llaves.

  • Y lo que nadie explicó todavía, Binance incluida: cómo se pasa de una laptop a poder pedirle firmas al sistema que mueve miles de millones. Ese salto es el agujero de toda la historia, y el informe técnico que Binance prometió no tiene fecha. La autodestrucción que menciona Teng es parte de por qué: borró sus propios rastros mientras trabajaba. Lo que sí se puede contar es todo lo que vino después.

  • Por qué robar la llave no es lo que pasó: en una casa de cambio de este tamaño la llave no es un archivo que alguien copie. Vive dentro de un aparato sellado, o partida en pedazos entre varias máquinas que tienen que ponerse de acuerdo, y está hecha para que no se la pueda sacar de ahí ni el que la administra. Lo que el resto de la empresa tiene es una ventanilla: un sistema pide “firmame esta transferencia” y recibe la firma. Robar la llave sería llevarse el sello. Acá pasó otra cosa: alguien se paró en la ventanilla donde se reciben los pedidos legítimos y pidió que le sellaran los suyos. La red no puede notar la diferencia, porque la firma que sale es perfecta y es de Binance. Los controles internos de Binance sí podían, y Teng lo dijo con todas las letras: ese permiso no pasó por sus controles de aprobación normales.

  • Y así se hizo dar el permiso: la red de Ethereum tiene desde mayo de 2025 una función que permite que una billetera común le entregue el manejo a un programa, y que ese programa haga de ahí en adelante todo lo que podría hacer el dueño. Para activarla hace falta un permiso firmado por la billetera, y ese permiso solo sirve si lleva anotado el número exacto de la operación en que va a entrar: un número que cualquiera puede ver, pero que avanza a cada rato porque la billetera de Binance no para de mover plata. Entonces se hizo firmar cincuenta permisos, uno por cada número que podía tocarle, y los mandó todos juntos a las 16:20:59. Uno coincidió y los otros cuarenta y nueve quedaron inservibles. Cincuenta firmas a pedido no es un clic mal dado: es tener agarrado al que firma. La función se llama EIP-7702, si la querés buscar.

  • Y no fue improvisado: la preparación había arrancado unas 36 horas antes. Fondeó su billetera de trabajo con tres retiros chicos de Tornado Cash, un servicio que mezcla fondos para cortar el rastro, y ensayó el mismo código en otras billeteras antes de usarlo contra Binance.

  • Y ese permiso quedó puesto casi cuatro horas: no se borra cambiando de llave, porque está pegado a esa dirección, y sacarlo exige otro permiso firmado por la misma dirección. Mientras estuvo puesto, el atacante volvió sobre la misma billetera a medida que entraban depósitos nuevos de clientes: la vació otra vez a las 17:44 y la última pasada fue a las 19:56. Binance recién lo anuló a las 20:10.

  • Y lo que no hay que creer: que hackearon Ethereum. Por esa red salió la mayor parte y ahí se usó esa función, pero los bitcoins, los XRP y lo que salió por Tron y por Solana se fueron en transferencias firmadas de la manera normal, sin ninguna función especial. Diecisiete billeteras calientes firmaron, no una. Lo único que todas comparten es el sistema de firma de Binance. Jayant Dave, de Check Point, lo resumió a la BBC mejor que nadie: no rompieron el cifrado ni robaron las llaves, se apoderaron del sistema que les dice a las llaves qué firmar.

CÓMO LO ESTÁN RESOLVIENDO

Congelaron el 44%, y no volvió un dólar

Son dos frases distintas, y la segunda es la que importa.

  • Quién apretó el botón, y cuándo: la primera fue World Liberty Financial, que emite una stablecoin chica, a las 16:57, 33 minutos después del golpe grande. Tether congeló su primera billetera a las 17:01 y Circle 823 millones de sus propios dólares digitales a las 17:04. Tether terminó con 1.759 millones bloqueados en once billeteras, seis de ellas ya vacías cuando llegó a congelarlas. Después se sumaron otras cuatro emisoras más chicas, entre todas unos US$ 132 millones.

  • Y a las 20:18 pasó algo distinto: ocho minutos después de que Binance cerrara la puerta, Arbitrum le movió los fondos a una billetera a la que el atacante no llega. Arbitrum no emite ninguna moneda: es una red que funciona encima de Ethereum y que tiene un comité con poder de emergencia. No apretó un botón de emisor, le sacó la plata de las manos.

  • Y para medir esa velocidad: Bitquery revisó casi nueve años de congelamientos de USDT, de noviembre de 2017 a agosto de este año, y encontró que cuatro de cada cinco llegan más de una semana tarde. Esto no se parece a nada.

  • Pero congelado no es devuelto: al cierre de esta edición Elliptic verifica US$ 2.850 millones congelados, el 44% del robo, y el 94% de eso son stablecoins. Binance habla de cerca de US$ 3.000 millones. Pero esa plata quedó quieta, no volvió: para que vuelva hay que probar de quién era y conseguir una orden judicial. Hasta el cierre de esta edición ninguna fuente reporta que haya vuelto un dólar.

  • Y ojo con la confusión que ya está circulando: que Binance diga que repuso el 95% no significa que recuperó nada. Significa que salió a comprar monedas iguales con su propia plata para tapar el hueco, que es otra cosa. Lo robado sigue donde lo dejaron: una parte congelada y sin devolver, y otra parte en manos del atacante.

  • Y lo que nadie puede congelar: el atacante conserva US$ 3.210 millones en monedas que no tienen empresa detrás, según Elliptic, sobre todo 519.104 ethers y 18.270 bitcoins. Los bitcoins siguen partidos en 19 direcciones, diecisiete de ellas con exactamente 1.000 cada una, quietos desde la noche del jueves, y ninguno llegó todavía a un lugar donde cambiarlos por plata. Arbitrum mostró el límite de esa frase: ahí sí le pudieron sacar los ethers, porque esa red tiene quién lo haga. Ethereum no tiene nadie.

  • Y si vas a sumar: lo congelado más lo que él conserva no da exactamente el total robado. Cada cifra se mide a un precio y en un momento distinto, y estas monedas cambian de precio todo el día.

  • Y cómo lo está moviendo: Chainalysis dice estar viendo maniobras que no había visto antes: miles de transferencias en poco tiempo, hechas por un programa, y en vez de ir siempre hacia adelante la plata da vueltas entre las mismas direcciones y vuelve a direcciones por las que ya pasó, para que seguir el hilo no sirva de nada. Jonathan Levin, el CEO de Chainalysis, espera decenas de miles de direcciones en las próximas semanas: “tienen demasiada plata para los canales de lavado en los que confían”.

  • Quién paga, entonces: Binance dice que con su propia plata. Teng dijo hoy que ya repusieron cerca del 95% de lo que se perdió, contra el 90% de ayer, y que lo que falta son monedas chicas difíciles de conseguir. Es su propia cuenta y nadie la auditó. Salió de tres bolsillos, su caja, su fondo de emergencia y otro fondo que tiene para cubrir pérdidas de clientes, y no dijo cuánto de cada uno. Ese fondo de emergencia, creado en 2018, está todo en bitcoins y ronda los US$ 1.000 millones, una sexta parte de lo que se perdió, y Yi He dijo que piensan usar cerca de la mitad de ese fondo.

  • ¿Y la plata de los clientes? Lo que se vació fueron billeteras calientes y no frías, y por eso la casa dice que no se tocó. El detalle incómodo es que esas mismas billeteras aparecían en el informe de octubre, donde Binance publica qué tiene guardado, respaldando saldos de clientes. El antecedente útil es Bybit: de los US$ 1.500 millones que le robaron en 2025 había recuperado el 3,2% para agosto, según su propio anuncio. A sus clientes los dejó enteros su propio capital, no lo recuperado.

  • Y anoche llegó la atribución oficial, que hasta ayer no existía: el FBI, el Servicio Secreto y la división criminal del IRS dijeron en un comunicado conjunto que Corea del Norte fue responsable del robo, y nombraron al grupo TraderTraitor, el mismo al que ya se le atribuía lo de Bybit. Publicaron más de 600 direcciones del atacante y pidieron que las bloqueen todos los que puedan: las empresas que sostienen el funcionamiento de esas redes, las casas de cambio que operan sin pedir identificación, los servicios de DeFi, que prestan y cambian monedas solos, y las empresas que rastrean el dinero. Hasta el cierre de esta edición no se anunciaron sanciones del Tesoro ni imputaciones, y Corea del Norte no dijo nada.

  • Y la plata está saliendo, aunque no es una corrida: los retiros volvieron de a poco, el bitcoin primero a las 2:20 de la mañana de Bolivia, y las quince redes de la primera etapa ya funcionaban antes de las 9. En el primer día salieron unos US$ 4.400 millones y, descontando lo que entró, el saldo de Binance cayó unos US$ 3.750 millones: cerca del 2,8% de los US$ 134.700 millones que tiene en sus billeteras. Yi He dijo que las billeteras que faltan siguen en revisiones de seguridad y que los retiros grandes salen ahora por billeteras nuevas. El mercado tampoco acompañó el susto: el BNB, la moneda de Binance, subió 1% en el día, aunque sigue por debajo de donde estaba antes del jueves.

Y TRES PALABRAS MÁS, PARA EL CONTEXTO

  • DeFi: finanzas sin nadie en el mostrador. Son programas que corren solos en estas redes y hacen lo que hace un banco o una casa de cambio, prestar plata o cambiar una moneda por otra, pero sin horario y sin que nadie apruebe cada operación. El ladrón los usó para cambiar USDT por ethers y para pedir prestado contra lo robado, y el FBI ahora le pide a esos mismos programas que bloqueen sus direcciones. Igual no son tierra de nadie: los más grandes tienen comités con poder de emergencia, y acá los usaron. Aave congeló sus préstamos en 32 monedas y el comité de Arbitrum le sacó los fondos de encima.

  • Lavado de dinero, por etapas: el manual lo divide en tres. Primero meter la plata sucia al sistema, después moverla muchas veces para que nadie pueda unir el origen con el destino, y al final hacerla aparecer como plata limpia. Este robo está en la del medio, que se llama estratificación. El manual supone movimientos hacia adelante, de mano en mano. Lo que describe Chainalysis es otra cosa: miles de transferencias hechas por un programa, que dan vueltas entre las mismas direcciones y vuelven sobre sus pasos. Todavía no es convertir la plata en algo usable, es ensuciar el rastro para que seguirlo no sirva.

  • Tornado Cash: el servicio que mezcla fondos de muchos usuarios para cortar el rastro entre la dirección que deposita y la que retira. El atacante lo usó para una sola cosa: fondear su billetera de trabajo el 28 de octubre, con tres retiros chicos. Lo robado no pasó por ahí. Estados Unidos lo sancionó en 2022 y lo sacó de la lista en marzo de 2025, después de que una corte federal de apelaciones resolviera que un programa que nadie puede modificar no es propiedad de nadie, y que por eso no se lo podía sancionar.

LO QUE VIENE

  • Hoy: la segunda etapa de retiros, con las redes y las monedas que siguen cerradas. Yi He no dio fecha ni lista.

  • Lunes 2: Binance prometió publicar la prueba de que tiene guardado todo lo que dice tener, y adelanta que diez monedas quedan respaldadas al 100%. Eso es su propia palabra: CertiK, la empresa que revisa esas cuentas, ya avisó que necesita más información para verificar los US$ 5.000 millones que Binance dice tener en las mismas monedas que le robaron.

  • Sin fecha: el informe técnico que Binance prometió. Es el único documento que puede explicar cómo un acceso interno terminó firmando retiros en una decena de redes a la vez, y Teng ya dijo que el atacante fue borrando sus herramientas y sus rastros a medida que avanzaba. Hasta que salga, esa pregunta queda sin contestar.

Tu turno: ¿qué querés que cubramos esta semana? Una palabra alcanza.

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